Por más que las aspiraciones personales y los acuerdos en las cúpulas partidistas pretendan marcar el ritmo de la sucesión de 2027, en Morena hay una realidad que comienza a hacerse evidente: las estructuras municipales tendrán mucho que decir en la definición de las candidaturas y, sobre todo, en la construcción del proyecto que buscará conservar la gubernatura de Sinaloa.
En ese tablero, Imelda Castro, quien será la carta de Morena para la sucesión estatal, tiene una tarea que va más allá de recorrer el estado y sumar respaldos públicos. Necesita identificar, reconocer y, llegado el momento, establecer compromisos políticos con los grupos que tienen presencia territorial, capacidad de movilización y posibilidades reales de competir en las urnas.
Porque una cosa es tener presencia política y otra muy distinta contar con una estructura que pueda traducir esa presencia en votos.
Y en Morena, donde la disputa por las coordinaciones municipales de la transformación ya comenzó a mover las piezas rumbo al 2027, los grupos gobernantes están aprovechando la coyuntura para demostrar que tienen con qué negociar.
El hecho de que varios alcaldes y alcaldesas hayan decidido registrarse de último momento para buscar la reelección no parece una simple coincidencia. En política, cuando las decisiones se toman en bloque o después de señales que vienen desde las altas esferas, suele haber algo más que una aspiración individual: hay una lectura de los espacios disponibles y de las posibilidades de conservarlos.
La luz verde para participar en el proceso interno les permite a los actuales gobernantes colocarse en la competencia, medir fuerzas y, de paso, recordar que sus grupos siguen teniendo presencia en sus respectivos municipios.
Ahome: Toño Menéndez quiere continuidad
En Ahome, Antonio Menéndez encabeza un grupo que busca darle continuidad al proyecto que hoy gobierna el municipio.
En estricto sentido, su caso no sería el de una reelección convencional. Menéndez llegó a la presidencia municipal por designación del Congreso del Estado, luego del desafuero de Gerardo Vargas Landeros, quien había sido electo constitucionalmente para el cargo.
Sin embargo, los meses al frente del Ayuntamiento le han permitido consolidar un liderazgo propio y fortalecer un equipo político interesado en mantener el control de la administración municipal.
La competencia no será sencilla. Entre los perfiles que se han registrado aparece la diputada federal Ana Elizabeth Ayala Leyva, quien representa una de las principales alternativas frente al proyecto de Menéndez.
La disputa por Ahome será una prueba importante para medir hasta dónde puede llegar un grupo que, desde el ejercicio del gobierno, busca convertir su presencia institucional en una candidatura competitiva.
Y para Imelda Castro, el desenlace de esa contienda tendrá una lectura adicional: no solamente importará quién consiga la candidatura, sino también cómo se reacomodarán las estructuras que hoy respaldan a cada aspirante.
Municipio de Sinaloa: Rolando Mercado muestra sus cartas
En el alteño municipio de Sinaloa, el grupo que encabeza el doctor Rolando Mercado ha comenzado a mostrar músculo político.
Con una ruta definida frente a la posibilidad de que Morena determine el género de la candidatura, el equipo gobernante tiene dos cartas: Radamés Véliz Quiñónez, si corresponde a un hombre, y la regidora Anaí Espinoza Bajo, si la candidatura es para una mujer.
La estrategia tiene una ventaja: permite al grupo mantener una posición competitiva sin depender de una sola definición.
Hasta ahora, ningún otro equipo parece tener una estructura tan consolidada y políticamente rentable como la que ha construido el actual grupo gobernante.
La propia Imelda Castro pudo tomar nota de esa fortaleza el pasado sábado, durante el encuentro con aspirantes a la coordinación municipal de la transformación. Aunque estuvieron presentes los distintos perfiles registrados, el grupo de Rolando Mercado hizo evidente su capacidad de convocatoria y movilización.
La reunión posterior de la senadora con el alcalde y su equipo, antes de continuar su recorrido hacia Guasave, también dejó una señal política que no debería pasar inadvertida.
En una sucesión donde cada respaldo cuenta, el diálogo con quienes controlan estructuras territoriales puede convertirse en una pieza fundamental para construir acuerdos.
Guasave: el grupo gobernante quiere conservar la plaza
En Guasave, donde se habla de al menos 13 aspirantes registrados para la coordinación municipal, la alcaldesa Cecilia Ramírez también recibió luz verde para participar en el proceso interno y buscar la posibilidad de continuar al frente del Ayuntamiento.
El grupo gobernante, al igual que en el municipio de Sinaloa, tiene preparada una alternativa en función del género que determine Morena: Cecilia Ramírez para una candidatura femenina y Chano Valle si corresponde a un hombre.
La efervescencia política en Guasave es evidente. La cantidad de aspirantes refleja el interés por una de las plazas municipales de mayor relevancia en el norte de Sinaloa, pero también anticipa una negociación compleja.
En ese escenario, el grupo que actualmente gobierna tiene una ventaja inicial: cuenta con la estructura del Ayuntamiento, presencia territorial y perfiles que pueden mantenerlo dentro de la disputa.
Eso no significa que tenga asegurada la candidatura. El número de contendientes y los intereses que confluyen en el municipio pueden modificar el tablero. Pero sí significa que cualquier proyecto estatal que pretenda construir una mayoría interna tendrá que tomar en cuenta a quienes hoy tienen capacidad de operación política en Guasave.
Salvador Alvarado: los Iguanos no entregarán la plaza
En Salvador Alvarado, la ausencia —hasta donde se sabe— de un registro de la alcaldesa Lupita López para buscar la reelección no significa que el grupo de los Iguanos esté dispuesto a ceder terreno.
La estructura que encabeza Armando Camacho ha colocado en la contienda al tesorero municipal, Daniel Parra, y a la síndica procuradora, Paulina Saiz.
Es una señal de que el grupo mantiene su interés en conservar influencia sobre el futuro político del municipio, aun cuando la actual presidenta municipal no aparezca entre quienes buscan repetir en el cargo.
Para Imelda Castro, este caso representa otra variable de la ecuación: no todos los grupos con capacidad de movilización dependen de que su principal figura aparezca en la boleta. Algunos tienen relevos, cuadros propios y mecanismos de operación que les permiten mantenerse vigentes.
En una contienda interna, esa capacidad de supervivencia puede resultar tan importante como el posicionamiento individual de un aspirante.
Juan José Ríos: la apuesta por la continuidad
En Juan José Ríos, hasta este lunes trascendió el registro de la alcaldesa Evangelina Llanes Carreón, quien buscaría continuar al frente de un municipio todavía en proceso de consolidación institucional.
La posibilidad de que repita en el cargo responde a la intención de dar continuidad a su proyecto de gobierno en una demarcación joven, donde la construcción de capacidades administrativas y la atención de las demandas ciudadanas seguirán siendo factores determinantes.
Su caso también ilustra el interés de los grupos municipales por conservar espacios de decisión en el siguiente periodo. La reelección no solamente implica la permanencia de una persona, sino también la posibilidad de mantener equipos, relaciones políticas y capacidad de gestión.
Por supuesto, el respaldo de una estructura no sustituye la evaluación ciudadana ni garantiza una candidatura. Pero sí constituye un activo que Morena tendrá que ponderar al momento de tomar decisiones.
La auditoría política de Imelda
En sus recorridos por Sinaloa, Imelda Castro parece estar realizando una especie de auditoría política: observar quiénes son los actores con presencia real, qué grupos tienen capacidad de convocatoria, cuáles conservan una base social y quiénes pueden aportar algo más que fotografías y declaraciones de respaldo.
Hasta ahora, los grupos gobernantes aparecen como actores relevantes en buena parte de los municipios revisados, aunque con diferencias importantes. El desgaste de algunas administraciones, los resultados de gobierno y los conflictos internos pueden convertirse en pasivos que reduzcan su rentabilidad electoral.
La senadora tendrá que distinguir entre las estructuras que realmente pueden aportar votos y aquellas que solamente conservan una presencia institucional.
Pero hay una conclusión que comienza a imponerse: si Imelda Castro pretende construir un proyecto competitivo rumbo a la gubernatura, no podrá hacerlo al margen de los liderazgos municipales.
Necesita que esos grupos se involucren, se comprometan y encuentren razones para trabajar por su proyecto. Y eso difícilmente se conseguirá con llamados generales a la unidad o con acuerdos que solamente contemplen posiciones en la estructura estatal.
Los grupos locales tienen sus propias aspiraciones. Quieren alcaldías, diputaciones locales y espacios para sus cuadros. Si se les pide que aporten territorio, organización y capacidad de movilización, también buscarán participar en las decisiones que definan las candidaturas.
Ahí está el verdadero desafío para Imelda: construir una alianza en la que los intereses locales y el proyecto estatal puedan caminar en la misma dirección.
No basta con sumar estructuras; hay que darles motivos para sumarse.
La definición de las candidaturas municipales será, en ese sentido, mucho más que una disputa por los ayuntamientos. También puede convertirse en el mecanismo para tejer la red política que Morena necesitará para enfrentar la elección de gobernador.
Si los grupos que hoy gobiernan los municipios encuentran condiciones para mantener espacios y proyectar a sus cuadros hacia el Congreso local, tendrán mayores incentivos para involucrarse en una eventual campaña estatal.
Si, por el contrario, sienten que sus estructuras solamente son útiles para movilizar votantes, pero no para participar en la toma de decisiones, podrían convertirse en aliados distantes o en factores de resistencia dentro del propio partido.
Y en una elección cerrada, la diferencia entre una estructura comprometida y otra que solamente cumple con lo indispensable puede ser decisiva.
Imelda Castro tiene ante sí una oportunidad y un riesgo. La oportunidad consiste en aprovechar la presencia territorial de los grupos que todavía conservan fuerza política en Sinaloa. El riesgo es suponer que el respaldo puede obtenerse sin reconocer los intereses y las aspiraciones de quienes sostienen esas estructuras.
La gubernatura se disputará en 2027, pero buena parte de esa elección comenzará a definirse mucho antes, en las negociaciones por las alcaldías y las diputaciones locales.
Porque los grupos municipales no solamente quieren ser parte del proyecto de Morena: quieren tener un lugar en el proyecto que eventualmente encabece Imelda Castro.
Y si la senadora pretende que esos grupos trabajen para llevarla a Palacio de Gobierno, tendrá que entender que también buscarán llevar a sus propios candidatos a los ayuntamientos y al Congreso del Estado.
En política, las estructuras no se mueven únicamente por afinidades. También lo hacen por expectativas, compromisos y espacios de poder.
Esa es la aritmética que Imelda deberá resolver si quiere que su proyecto trascienda el posicionamiento personal y se convierta en una candidatura con fuerza real en todo Sinaloa.
