JUMAPAG: entre la amenaza de huelga y un contrato colectivo fuera de la realidad

En Guasave el conflicto no gira únicamente en torno a un emplazamiento a huelga para el viernes 30 de enero. El fondo del problema es mucho más profundo: la Junta Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (JUMAPAG) arrastra un contrato colectivo que ningún organismo operador en crisis puede sostener sin colapsar.

El sindicato, encabezado por José Ramón Valerio Ahumada, exige conservar intactos beneficios históricos. La alcaldesa Cecilia Ramírez Montoya responde que hay apertura al diálogo, pero advierte lo evidente: las finanzas de la paramunicipal no soportan seguir pagando lo mismo.

Y basta revisar el contrato para entender por qué.

Mientras el trabajador promedio en México recibe por ley 15 días de aguinaldo, en JUMAPAG los sindicalizados cobran 60 días de salario… y además la Junta absorbe hasta el 100 % del impuesto generado por esa prestación.

En vacaciones la diferencia es todavía más pronunciada: 23 a 26 días anuales, con primas vacacionales de 16 a 21 días adicionales de sueldo, frente a los 12 días iniciales que marca la ley para la mayoría de los mexicanos.

A eso se suman dos bonos permanentes que se integran al salario: 9 % por puntualidad. y 7 % por asistencia.

Es decir: un 16 % extra fijo que impacta aguinaldo, jubilaciones, indemnizaciones y primas.

No es un estímulo ocasional: es salario estructural.

Pero la cláusula que más inquieta a cualquier financiero público es la jubilación.

Con 25 años de servicio, los trabajadores sindicalizados pueden retirarse con una pensión cubierta por la propia Junta equivalente al 100 % del último sueldo, con derecho a aumentos futuros, aguinaldo y despensa, además de conservar íntegra la pensión que otorgue el IMSS.

Como si fuera poco, reciben una prima de retiro de 20 días de salario por cada año trabajado.

En un país donde millones se jubilan con montos reducidos tras décadas de cotización, este esquema luce más cercano a empresas estatales de otra época que a un organismo municipal hoy acosado por deudas.

El contrato no solo protege a los trabajadores en lo individual. También compromete a la Junta a financiar directamente al sindicato.

Gasolina mensual, celulares, renta del local, papelería, apoyo deportivo, celebración del 1° de mayo, posada navideña, mantenimiento del edificio sindical, compra anual de vehículos, viáticos, cuotas a la federación obrera y servicios completos —luz, agua, internet y telefonía— forman parte de la lista.

El propio documento contractual resume estas prerrogativas: más de 1.7 millones de pesos anuales.

Todo ello mientras JUMAPAG arrastra pasivos con el IMSS y el INFONAVIT y batalla para invertir en redes, drenajes y mantenimiento.

Durante años la Junta fue utilizada como herramienta de control político. Alcaldes en turno privilegiaron la estabilidad laboral inmediata, concediendo cláusulas cada vez más generosas, a cambio de paz sindical.

Ese cálculo hoy pasa factura.

Las concesiones se acumularon. Nadie corrigió el rumbo. Nadie quiso cargar con el costo político de renegociar. Y ahora, con infraestructura envejecida, servicio deficiente y deudas crecientes, el contrato aparece como una camisa de fuerza.

El contraste es brutal: colonias con baja presión de agua, drenajes colapsados y fugas constantes… frente a jubilaciones completas, bonos estructurales y apoyos garantizados por calendario al sindicato.

El emplazamiento a huelga es apenas la superficie del conflicto.

La discusión real es si Guasave puede seguir sosteniendo un modelo laboral diseñado en épocas de abundancia política, pero administrado hoy en tiempos de escasez financiera.

Nadie cuestiona el valor del personal operativo que mantiene funcionando los sistemas de agua. Lo que está en juego es la viabilidad misma del organismo.

Porque si JUMAPAG quiebra, no pierde el sindicato.

Pierde la ciudad.

Y el agua —ese servicio básico que debería estar por encima de cualquier negociación— termina atrapada entre un contrato imposible y décadas de decisiones políticas que nadie quiso corregir a tiempo.

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