Hay encuestas que buscan medir la aprobación y otras que, sin proponérselo, terminan exhibiendo la distancia entre el discurso oficial y la realidad. La medición de diciembre de 2025 del Ranking Mitofsky pertenece claramente al segundo grupo, al menos en lo que respecta a Guasave.
De acuerdo con la encuestadora propiedad de Roy Campos, Cecilia Ramírez Montoya aparece en el lugar 37 a nivel nacional, con poco más del 52 por ciento de aprobación, y —dato que se subrayó hasta el cansancio— como la alcaldesa mejor evaluada de Sinaloa. Nada mal para una presidenta municipal que apenas cumple un año en el cargo. Tan nada mal, que el anuncio no generó aplausos… sino risas.
Porque si algo quedó claro tras difundirse la encuesta, es que Guasave no se vio reflejado en ese espejo estadístico. Las redes sociales, siempre más crudas que los boletines, reaccionaron con una mezcla de incredulidad, enojo y sarcasmo. Para muchos ciudadanos, la encuesta no describía una gestión eficiente, sino una realidad paralela.

El dato no pasó desapercibido: el primer portal en difundir la información, incluso antes del comunicado oficial, fue Mesa Reservada, medio en el que participa o ha participado Edgar Adair Espinoza Robles, ex tesorero municipal (quien sigue en la nómina oficial como auxiliar administrativo) que en noviembre dejó el cargo en medio de cuestionamientos por el manejo opaco de las finanzas públicas y los excesos con el erario. Una coincidencia incómoda, sobre todo cuando se recuerda que una de las principales críticas ciudadanas a la administración actual gira precisamente en torno al uso del dinero público.
A partir de ahí, la estrategia fue evidente. Funcionarios y funcionarias del gobierno municipal replicaron la nota con entusiasmo, como si el ranking fuera una absolución anticipada. El problema es que nadie calculó la reacción ciudadana. O peor aún: la subestimaron.
Los comentarios en redes y portales no tardaron en aparecer, y fueron todo menos amables. Que si la encuesta fue “comprada”, que si se “pagó con el crédito de los 60 millones”, que si los encuestados “fueron familiares y miembros del gabinete”. Otros fueron más lapidarios: para algunos guasavenses, el único primer lugar posible para esta administración es en mal gobierno o corrupción.
Ahí es donde la ironía se vuelve brutal. Mitofsky dibuja una alcaldesa bien evaluada; las redes describen una administración reprobada. La encuestadora habla de aprobación; la ciudadanía habla de molestia. Los números presumen estabilidad; los comentarios exhiben hartazgo.

Y no es un detalle menor. Cuando una administración con apenas un año de ejercicio necesita sostener su narrativa en rankings nacionales, algo no termina de cuajar en lo local. Más aún cuando ese intento de legitimación provoca burlas en lugar de respaldo. En política, la risa ciudadana rara vez es una buena señal.
El problema de fondo no es la encuesta, sino creer que una medición puede reemplazar a la percepción social. Porque los gobiernos no se sostienen con gráficas ni con posiciones en rankings, sino con resultados visibles, servicios que funcionan y decisiones que generan confianza.
Hoy, en Guasave, la encuesta dice una cosa y la gente dice otra. Y entre ambas versiones, la que suele tener la última palabra no es la que se imprime en un ranking, sino la que se repite todos los días en la calle, en el mercado y —para desgracia de muchos gobiernos— en las redes sociales.
Al final, Mitofsky podrá colocar a Cecilia Ramírez Montoya en el lugar 37 nacional. Pero mientras la narrativa oficial presume aprobación y la ciudadanía responde con reprobación, el verdadero ranking sigue pendiente: el de la credibilidad. Y ese, por ahora, no se mide con porcentajes.
