En Sinaloa el pleito ya no se disimula. La sucesión del gobernador morenista Rubén Rocha Moya comenzó antes de tiempo y, como suele ocurrir, no se libra en la plaza pública sino en los pasillos del poder. Ahí donde las auditorías, los estadios y los partidos aliados dejan de ser temas administrativos para convertirse en municiones políticas.
El tono elevado del gobernador contra su antecesor, Quirino Ordaz Coppel, no es casual ni producto de un arrebato moral repentino. Tampoco es únicamente un ajuste de cuentas por presuntas auditorías mal aplicadas en beneficio del grupo Coppel o por la cuestionada construcción del estadio de fútbol en Mazatlán, obra de casi 700 millones de pesos del erario estatal que terminó apuntalando el negocio de Ricardo Salinas Pliego… negocio que hoy ya no existe, pues el empresario anunció la venta del Mazatlán FC y dejó al puerto sin fútbol de primera división.
Más que pesos y centavos, lo que está en disputa es el 2027.

Desde Madrid, España, Quirino Ordaz mueve fichas con la paciencia del que no necesita reflector. Lo hace a través del Partido Verde Ecologista en Sinaloa, un instituto político que opera con agenda propia bajo la conducción del dirigente estatal y diputado federal Ricardo Madrid Pérez. El Verde sinaloense no responde —al menos no del todo— al grupo en el poder, y eso lo vuelve incómodo, peligroso y, sobre todo, decisivo.
Por eso el choque luce cien por ciento político. No es el SAT, no son los contratos con Salinas Pliego, no es el dinero destinado a medios vía Comunicación Social. Es la ruta. En Sinaloa el Verde no camina con Morena, al menos no con el Morena de Rocha; camina paralelo, observando, midiendo fuerzas y preparando el terreno para cuando llegue el momento decisivo agarrar la mayor tajada posible del pastel.

En ese escenario, el Partido Verde podría convertirse en el vehículo de la candidatura a la gubernatura en Sinaloa como parte de los acuerdos cupulares con Morena y el PT. Si es hombre, el nombre natural es Ricardo Madrid. Si es mujer, las siglas y la estructura podrían ponerse al servicio de Imelda Castro, siempre y cuando así lo marque la línea presidencial de Claudia Sheinbaum. En ambos casos, el Verde no sería comparsa: sería protagonista.
Así, Quirino, Ricardo Madrid y el Verde dejaron de ser aliados circunstanciales del rochismo para convertirse en adversarios políticos abiertos del gobernador y de su delfín más visible, el senador Enrique Inzunza, quien mantiene vivas sus aspiraciones rumbo a la grande.

Y ojo: la operación no se limita a la gubernatura. En los municipios el Verde también fortalece estructuras, arma cuadros y construye músculo electoral con miras a tener cartas de negociación, aunque ello implique confrontar directamente lo que Rubén Rocha pretende heredar en las alcaldías.
En Sinaloa la sucesión ya no se cocina a fuego lento: está en plena ebullición. El Verde juega por su cuenta, Quirino mueve los hilos a distancia y Rocha responde con expedientes, señalamientos y golpes discursivos. No hay reconciliación a la vista ni alianza sólida que aguante. Lo que viene no es una transición tersa, sino una disputa abierta donde nadie regala nada y todos se preparan para cobrar. El 2027 dejó de ser una fecha en el calendario y se convirtió en el campo de batalla.
