Diez meses y la narcoguerra sigue en Sinaloa

Son 10 meses ya en Sinaloa de una narcoguerra que en este momento luce interminable.

El esfuerzo y la estrategia, si en realidad existen de parte del gobierno, son claramente insuficientes para sacar al estado de la confrontación violenta entre Chapitos y Mayos que ha costado la vida de por lo menos mil 600 personas.

Tan mal va la cosa que Sinaloa en junio se ubicó en el nada honroso primer lugar en incidencia de homicidios dolosos con 207. Un promedio de casi siete diarios, una barbaridad fuera de toda proporción y de cualquier cifra medianamente aceptable.

Lejos se ve ya aquel 09 de septiembre del 2024 cuando estalló la guerra cuyo origen está en el secuestro del Mayo Zambada el 25 de Julio de ese año a manos de Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo Guzmán.

La historia ya es ampliamente conocida y el tema es que nunca se pensó que lo que inició por esas fechas se prolongaría por tantos meses con un durísimo costo para la población en general.

Y es que, no solamente son los más de mil 600 homicidios: son los cientos de desaparecidos, los niños muertos como víctimas colaterales, el robo de miles de vehículos a ciudadanos de bien, el cierre de negocios, la pérdida de miles de empleos, el ausentismo escolar.

La histeria colectiva de quienes saben que en cada jornada se juegan la vida.

Diez meses después la autoridad luce rebasada. No se les observa idea clara de cómo resolver el problema. Presumen el arribo de miles de elementos de las fuerzas federales pero no hay cambio significativo.

Los grupos criminales cada vez lucen más poderosos, mejor armados, más articulados, mejor preparados.

Es tal el desánimo y la impotencia ciudadana que se añora el restablecimiento de la “pax narca”. Esa en la que la tranquilidad la proveen los mismos grupos criminales al autogobernarse para no calentar la plaza.

Esa que antes del 25 de Julio del 2025 se respiraba en Sinaloa.

Gente más empapada en temas de seguridad nos aseguran que esa “pax narca” se busca mediante una alianza entre Ismael Zambada Siqueiros “Mayito Flaco”, líder de la facción del cártel de Sinaloa que ha declarado la guerra a los Guzmán, y Fausto Isidro Meza Flores el “Chapo Isidro”.

Las versiones y los hechos violentos indicarían que los poderosos capos habrían trabado una alianza para exterminar lo que queda del grupo de los Chapitos y apoderarse totalmente del territorio sinaloense cueste lo que cueste y se derrame la cantidad de sangre que se tenga que derramar.

Hay que resaltar que en más de una ocasión el grupo dominante del centro al norte de Sinaloa ha enviado el mensaje de no estar tomando parte en la narcoguerra que azota a Sinaloa.

En esa evidente disputa el gobierno parece únicamente ser figura testimonial esperando que alguien emerja victorioso y a partir de ahí que se pacifique el estado.

Una apuesta peligrosa que sin duda no resolverá de fondo el grave problema de inseguridad y violencia que se vive en Sinaloa.

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